sábado, 12 de febrero de 2011

Texto dada-surrealista: Filosofía surrealista de Descartes


Atención: este texto ha sido escrito al más puro estilo dadaísta. Es normal, entonces, que muchas -todas- las sentencias que la componen tengan un significado de lo más extraño.

(Sonido de resoplido) Te he visto debajo de las fotos subido a la vergüenza práctica. Fíjate, comentar las televisiones explicadoras en los tiempos de la vieja bruja perdonando que, decrépita y momificada, sea pequeña. No tienes prácticamente espacio para pegar dos primeros tiros democráticos. El caso que me cuida es el instituto del Congreso. El miedo visto en la alegría del café, según dijo Isabel: fumar, flor, de andamio de Karen, que Cuba no se parece a la droga dura. Leer, no, por cierto, en el nombre del ir o no ir culturalmente, humillando los dolores de las doce euforias. Bote y polvo: encanta y trae la clase de comentarios del 28. Dar tiempo, o ir bien, la idea no es otra que querer las horas como dos tutores. O eso o cambiarlos por los dolores breves de la parte metódica que vosotros, pequeñitos, preparáis. En situación de lo básico, primero, complicada y sencilla, merecida de moral apuntada, borrada, persiana y provisional.
Bueno es venir con fin de lunes rápido. Problema edicionario importante: máxima sentencia, juicio literario afirmando hacerlo contundentemente, aserción moral libre. Eso es un sujeto falso de carácter y manera ética. Todo enunciado valorado por mí o el grupo cursado en filosofía se traduce en un buen interés secundario. Dos más muertos en evidencia de cuatro buenos errores matemáticos.
El que la verdad sea atemporal se fija en biología: la naturaleza formulada es versionada por la sociedad de las ciencias. Recorre ella el mundo con una tortuga científica de magnitud de barrendero, tirando leche a la cabeza de la política.
Problemas graves han sido teorizados indistintamente. Constituyen la economía del siglo de los valores. El Sol es Descartes, que luce lo bueno, identificando con desgracias absolutas el resto. 45º de perros muertos flotan sonriendo. Resulta que en principio puede dudar de las verdades que preguntan a los poderes no inmediatos, que callan. Difícil, hombre, igual, fundamento y hechos. Conscientemente se resuelve la actuación capaz de, a veces, cosas contrapuestas. Este es el origen de la praxis permanente que obliga a las elecciones planteadas electoralmente a llevarse los escaños a su casa.
Mi concepto de la razón humana es infinito. Lo afirmo ¿y qué? Es necesario conducirla sin criterio, sin llegar siquiera al principio de las narices (y de ahí que en el cartesianismo se queden sin moral)
En fin, existir negativamente es visto como original por todo el mundo. Fin.

miércoles, 2 de febrero de 2011

De batallas épicas y temibles gigantes


Las cadenas habían sido liberadas. Lo que creía que sería luz, tan solo seguía siendo una oscuridad profunda. Inundaba como el agua llena una pecera, la inhalaba parasitando hasta la punta de sus cabellos del miedo a la nocturnidad. No fue un súbito estallido, ni el galope de un percherón lo que le hizo abrir los ojos: solo el tierno despertar, cuando se esfuma el sueño gradualmente al volver en consciencia del mundo onírico. Las cadenas habían sido liberadas. Las que le apresaban contra su asiento, colgaban débiles a ambos lados, desvalidas de la fuerza que le oprimían y que insensatas no habían hecho más que retrasar el momento de su liberación.

Bastó un esfuerzo para levantar, pero de inmediato cayó al suelo. No podía mantenerse en pie. Sentía clavarse como un millar de agujas los ojos de la negrura líquida mofándose de su estado. Qué aspecto tan patético, tirado, desarticulado en el suelo, víctima de la fragilidad. Su imagen recordaba a la perversa infancia: un niño cogiendo un par de alas de las cuales una libélula forcejeaba para elevarse de nuevo. El rasgar, como papel de estas. La caída inevitable, al soltar, del insecto inocente, y la risa ante el intento fallido de echar el vuelo. Era él la libélula que bregaba en contra de la carencia de energía, en un intento de alejarse de la propia muerte. ¡Vergüenza, sentimiento cruel! ¿Dónde fue la gloria del pasado? No se hallaban muy lejos. Al contrario, las creía ver a su lado, como fragmentos de bolas de cristal, recipientes de humo y recuerdos, que se dispersan como montones de hojarasca pisados y pateados. Las cadenas habían sido liberadas, pero se veía atado aún.

“Pues, si andar no puedo, deberé deslizarme por el suelo, aunque mi efigie se me parezca más al émulo del mal reptando por un manzano, que a la de un insigne caballero”, no haciendo falta incitador o peligro, dio renovada movilidad a los brazos muertos y vida al agotado corazón. En su camino o arrastre rozó un objeto, cuya sorpresa trajo más que temor una alegría intensa. Cuando dejó de girar sobre sí mismo con un repiqueteo peculiar, lo tomó de una mano “¡Aja! Vieja amiga, también a ti te tuvieron presa, lejos de la mano justa de aquél que, empuñándote, atraviese el espectro del mal. Vuelve a mí, que juntos nos vengaremos, tú por tu amo, que yo me encargaré de desagraviar la ofensa a tu esencia: defensora de los amparados bajo tu filo”. Al levantar, con nueva esperanza en el pecho, avanzó haciendo caso omiso al poco equilibrio que le permitían sus pies, hasta llegar a la puerta de su cárcel, de aquella extraña y sombría sala donde lo habían confinado, la cual con solemnidad fue abierta con la pequeña mano de tan bizarro hidalgo. Las cadenas habían sido liberadas y se retraían de miedo con su peculiar sonido metálico.

Un enorme pasillo repleto de luz se extendió ahora ante él. Quiso volver la cabeza para ver, ahora iluminada, la sala de su cautiverio, pero se contuvo temiendo correr la misma suerte que Orfeo y su libertad en forma de Eurídice se esfumara de pronto. De esta manera, avanzando cabeza al frente y corriendo lo que podía por el alargado recinto, se vio forzado a detenerse. ¿Qué eran aquellos sonidos que se escuchaban de repente? ¿Qué era ese espanto que de nuevo lo inmovilizaba? “Los pasos de un monstruo” pensó “¿son las pisadas del gigante macho las que retumban ahora en mi cabeza, o me he vuelto loco acaso? No, funcionan bien mis oídos, al igual que mi vista, porque lo veo desde el fondo emerger, de la fuente de luz a la que me dirijo. Ha tomado mi tierra, es seguro, y a todos aquellos que allí habitan. Ahora se ha percatado de mi presencia, pues su rostro se ha tornado en la imagen de la sorpresa. ¡Ahora se acerca!” Nuestro valeroso protagonista corrió hacia él entonces, con hálito acelerado y el corazón bombeante en la garganta.

“Las cadenas fueron liberadas ¡Sabed, bestia o demonio! Que jamás bajo la guardia de mi arma justiciera se permitirán semejantes irreverencias a los terrenos de la torre deslizante, del castillo balanceante y los extensos campos de arena que van más allá del horizonte, y que el desacato a mi tierra se paga con la cabeza del traidor” balbuceó emitiendo sonidos confusos e indescriptibles “decidid, pues, si queréis, bestia o demonio, salir con vida o pelear dignamente por vuestras pérfidas intenciones”

El gigante macho, lejos de sentirse amenazado, permaneció de pie “pobre insensato. En el momento cercano a su derrota hasta yo puedo sentir pena por él. Pero es por una causa superior a mi competencia por la que peleo, no por la compasión hacia el prójimo. Es esa tarea de otros” Y concluyó, guiando la empuñadura bien asida a su objetivo “¡Preparaos!”. “¡Carolina!” de repente gritó su oponente “¡Carolina!” repitió, yéndose de forma apresurada del lugar. “Es evidente” pensó “es evidente que su seso blando de gigante ha sabido, por un momento, reconocer el peligro y la derrota, y cegado por la luz del bien que mi cuerpo irradia, ha sido incapaz de permanecer ante mi persona, por lo cual ha huido. Es menester no menospreciar el juicio de estos seres, que pueden valorar la grandeza de un contrincante y valorar si les es pernicioso en demasía o pueden sobrevivir a una batalla” cavilaba sobre todo este asunto sin detener su marcha hacia el exterior, bien pagado de sí mismo.

Creía ver, a lo lejos, en cada destello de luz un recibimiento para alguien tan insigne como él, que había escapado de la cueva de los malignos engendros. Correrían los juegos y los cantos entre sus allegados. Y todos alabarían su audacia. Los trovadores contarían sus historias, y el retrato de la carrera que comenzó se grabaría con tinta indeleble en las páginas de la historia. Formulando en murmullos estas quimeras, avanzaba con pie firme y cuidadoso contagiándose él mismo de la alegría de las fiestas en su honor que aún no habían sido celebradas. Todas estas ideas comenzaron a nublarse, así como su vista. El mismo peso que en un momento, que tan lejano parecía colgaba de nuevo en sus párpados. Las fuerzas le abandonaban a medida que los pasos iban acortándose, hasta caer de nuevo al suelo. Una nebulosa ocupó su pensamiento. “Oigo más allá de mi entendimiento unas pisadas rítmicas que parecen acercarse. No obstante, su sonido se atenúa constantemente y pierden significado ¿será, tal vez, el gigante hembra? Aquí acaba mi trágica historia: nacido para la batalla, murió en ella.

-Míralo. Durmiendo en mitad del pasillo. Normal, lo hemos tenido todo el día en el parque.

-¿Qué quieres, Carolina? En cuanto le he visto andar he ido corriendo a avisarte.

-Pero, ¿seguro? Con la de veces que hemos intentado enseñarle…

-Te digo yo que sí ¿Cómo ha llegado aquí si no?

-Igual, si le hubieses puesto bien la correa del carrito no habría llegado hasta aquí ¿O es que ha aprendido solo también a quitársela? Anda, coge el sonajero, que lo tiene ahí tirado, y trae un pañal limpio. Ha sido demasiado esfuerzo para una sola tarde.





Este escrito está basado en un texto de temática similar, original de "Palin" y redactado bajo su consentimiento.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Gafas oscuras


-He pensado algo.

-Tú siempre estás pensando en algo.

-¡Pero esta vez es distinto! No te rías de mí, ¿quieres?

-Y bien, ¿qué quieres decirme?

-Creo que me gustaría tener unas gafas oscuras. Sí, eso, ¡unas gafas oscuras! Sería fantástico.

-¿Quieres unas gafas de sol?

- No, no es lo mismo unas gafas oscuras que unas gafas de sol. ¿Sabes qué son las cámaras oscuras?

-Sí, lo sé.

-Pues, con eso, elegiría la parte optimista, la que me interesa, y me libraría de los malos pensamientos.

-No me gusta el nombre. ¿Qué tal algo más actualizado? Me convence más “gafas fotográficas”

-No seas ganso. A mí me gusta tal cual así.

-Entonces a mí no me verías para nada, directamente.

-Solo cuando callas, cielo.

- Eso me ha dolido. Además, si tú eres quien dice disfrutar de la realidad tal cual como es, ¿para qué quieres esas gafas? No eres muy consecuente, que digamos.

-Bueno, puede que tengas razón. De hecho, me parece que te quedarían mejor a ti. Al fin y al cabo, el pesimista eres tú.

-Yo no soy pesimista, solo acepto las cosas como son.

-¿Es eso lo que nos diferencia?

-Y lo que nos hace iguales. Tú no puedes vivir sin mí.

-Lo mismo digo.

-Bueno ¿adiós a la idea de las gafas?

-Solo por ahora ¿Las quieres de pasta o sin montura?

sábado, 6 de noviembre de 2010

Llamada


-Dime que esperabas que te llamase. O que al menos lo deseabas. Confiésame que a veces me has mirado fijamente y te has entretenido observando cómo uno de mis mechones se mecía a cada movimiento, y que después has buscado un significado oculto en mi expresión abstraída. Que, queriendo parecer distraído, me has seguido con la vista cuando me he fijado en ti, y creyéndote en otro mundo, he clavado mi pupila en tus ojos, y me he reido al sentirme estúpida

Di que sabes que no dejo de vigilarte y preocuparme cuando estás cerca. Y que haces tú lo mismo. Que recuerdas que en total hemos hablado siete veces, en términos breves y motivos banales.

Por último, cuéntame si mientras haces una llamada se pueden sentir y desear tantas cosas para no sentirme idiota. El tiempo que tardas en darte la vuelta, coger el teléfono, llevarlo a tu oreja y decir...

-¿Sí?

-Hola, llamaba para...

-¿Eva?

-Perdón, me he equivocado

-El teléfono comunica. Es la octava vez que hablamos. Me siento idiota.

lunes, 25 de octubre de 2010

A qué huelen las nubes

-¿Qué piensas?- preguntó ella- a veces no consigo adivinarlo.

El interrogante me sacó de mi estado de somnolencia e intenté colocar los pensamientos en su sitio, de forma que pudiese contestar algo coherente.

-Creo que… si las nubes son vapor no debe haber mucha diferencia entre respirar en el cielo o hacerlo en una ducha de agua caliente. Creo.

-Podríamos comprobarlo- una arrebatardora sonrisa inhabilitó mis fuerzas.

-¿Me vas a llevar al cielo?

-¿Fly me to the moon? ¿Como Sinatra?

-No, digo a probar las nubes. Como si fuesen algodón de azúcar.

-Si dices que son vapor- el tono de su voz me abrazaba, con la melosidad propia de las ninfas- supongo que la ducha de la que hablabas antes es una buena alternativa.

-Lo estaba diciendo en serio- le reproché.

-¿Y yo no?- me contestó.

La bóveda celeste perdía entonces su nombre. Era una capa acolchada gris y perla. La verdad, si volase hasta allí podría darme calambre. Quedarme entre los brazos que me rodeaban parecía mucho más apetecible. La hierba, moqueta del terreno, resultaba especialmente agradable, y aquel espacio en medio de una amalgama de edificios, un alargado trazo de pintura esmeralda que desgarra, con el aroma del verano, con el canto de los pájaros, con el aire virgen, un cuadro gris.

lunes, 11 de octubre de 2010

Tú y yo

-Como una estatua me yergo. He aquí mi efigie pálida, helada, sentada sobre aquesta roca. En la soledad de esta pradera, jardín y envidia de aquellos para quienes sólo soy un número y una dirección, jamás he encontrado una sola flor digna de mi interés. Soy el intento fallido de expresiva felicidad que resalta en la cima de la pradera cubierta de albas rosas. Y sin embargo, pese a mi hastío, aquí permanezco como cada día. Valiente estúpida.
Maldigo ahora reposada ¡o con el puño levantado al aire! A todo ser viviente que he visto en el transcurso de mi vida.Una habitación, un libro de tapas desgastadas, eco de risas por el pasillo, miradas mal disimuladas, pisadas, orejas en la puerta. ¡Sucia hija de un conde! ¡Sucia hija de una condesa! Y sigo buscando el horizonte ¡No aquel fondo azulado, donde no puedo alcanzar ver más! Sigo buscando, imaginando mil espacios sin fin, el silencio que no es roto por una carcajada cruel, un cuchicheo violento, imparable, el rasgar del papel por una pluma poco juiciosa.
Mis dos orbes negros se han secado ya. Reflejan una mirada perdida, de la que nadie sabe qué intenta alcanzar. Pero bajo su capa de piel, un ardor congelado me recorre. Fuegos fatuos comenzaron a quemar mi alma, lacerando mi pecho desde dentro. Un ligero pestañeo es la única muestra de mi casi desaparecida humanidad.
Pero a veces, y por contentaros, suelto una risotada desde mi pedestal de piedra, y aun así me miráis pareciendo ver en mí a una bestia enloquecida ¿No conveníais que la diversión era óptima para mí? Vuestras incautas almas me entretienen profundamente. Encontrar a alguien con menor valor que yo misma es admirable y divertido a la vez. Sois ratitas desprevenidas, cuya profesión es la de destripar las vidas ajenas. Incluida la de una servidora. Ver las caras de desconfianza, el mal juicio, y tras haber comprobado varias veces la moneda, vuestras dos caras, he comprendido que esta vida terminó para mí.
¡Qué triste raza! ¡Qué plaga de miradas frías y sonrisas maliciosas! Qué pavor siente mi alma al ver acercarse a cualquiera de ellas. Mi resentido corazón tirita, queriendo alejarse acobardado de allí. Dibujo con mis ojos el camino que me llevara a la eternidad.
-¿Realmente desea venir?
-¿Quién és?
-Me llamastes y aquí estoy. Soy quien guiará tu alma por tan anhelado camino.
-Tardó demasiado ¿Dónde estuvo mientras yo le esperaba?¿Cómo piensa compensarme tantos años de espera?
-¿Qué es esto? ¿Nadie va a sorprenderse o asustarse? ¿Por qué no sangras? ¿Por qué no te retuerces? Si viva eres ¿por qué quieres acompañarme?
-Usted no entiende, la vida es batalla, es dolor y tristeza, sufrimiento que no acaba ¿Por qué me iba a negar a dar mi último paseo con usted?
-Qué rostro tan helado, qué facciones tan frías. No puedo evitar templar mis designios hasta conocer los motivos de esta pensante criatura. Habla ahora antes que el filo del destino corte tus palabras.
-Ya no tengo destino, mi camino esta escrito, soy una flor marchita que espera su recogida, ¡Usted es mi destino!
-La muerte es cruel y sin esperanza, tienes en tus manos un camino para tomar, yo no soy tu destino, el destino lo escribes tú ¿De verdad quieres cambiar tu tan valiosa vida por una muerte que es la nada?
-¡Oh! Mi muerte, tengo en mis manos pesares que no cesan, tantas tristezas y agonias,
¿Acaso esto no es menos que nada?
-¿No te parece egoista? ¿acaso mi vida tiene más valor que la tuya? Indago infinitamente por la vasta Tierra, recogiendo las almas de quienes me ven como un malvado. Y tú, quien puede refugiarse en la llama de un hogar, quien vive sin mayores problemas, tú que conocerás el descanso entero, ¿te crees desgraciada?
-Quizás lo sea, pero no puedo evitar pensar más que en mí misma. No entiendo tu infinita vida, tampoco me creo desgraciada, sólo quiero conseguir algo de felicidad y hacer algo por mí misma.
-Si tu felicidad no es más que la muerte no tengo nada más que decir. Este será el verso final de la tragedia. (Ella muere)

He recorrido a mi pesar todo el mundo desde tiempos inmemoriales. He llevado en mi mano las últimas palabras, casi suspiros, de la gente antes de que su vida finalice. Desconozco mi interior. Ni siquiera sé si soy capaz de sentir o soy una simple marioneta hueca. Hace tiempo decidí dejar de pensar en mi destino. Porque es una simple línea de sangre deslizándose cuesta abajo, sin límite conocido, hacia el abismo de la incertidumbre, el terminar de una corriente que gira sobre sí misma.
Mi actitud, tal vez ahora, esté condicionada por lo que he visto, y puedo recordar. Amor, pasión, llanto y sudor frío. Las cosas que veo antes de que la víctima caiga en mis manos. La paz que hace que cierres los ojos, o el impacto de las pupilas dilatadas.
No recuerdo mi origen, pero tampoco mi final. Sigo siendo solamente un títere del destino.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Tus ojos marrones

Decían los cielos que un azul como el suyo era inimitable. Que las nubes en una pincelada de blanco descarado creaban en refinada sintonía la elegancia celeste. Y el del mar, que en amplitud caprichosa entona sentimientos contradictorios fusionando lo opuesto en profunda tensión, en equilibrio que amenaza con romper. La belleza del color frío.

Hablaban las leyendas de bosques verdes, interminables. De tonos grisáceos, como el abeto y la oliva, otros brillantes como la esmeralda. Los más celosos querían parecerse a los anteriores y se volvían azulados. Representando la vida y la tranquilidad, nos sume en la variedad de la naturaleza más calmada. Nos trae a la mente el sonido de las hojas y la fauna de la selva.

En un intento de llamar la atención, el ámbar reluce con esfuerzo, logrando con creces su cometido. Con discreción innata hechiza y maravilla a todos aquellos que lo ven, como en una onírica fantasía. Te impide mirar a otro lado, porque está en todas partes. El atractivo misticismo que lo rodea nos lleva a admirar generosamente sus hermosas cualidades.

Los negros son, sin embargo, los más misteriosos. Cuentan historias en una mirada, llenan de incertidumbre y curiosidad a quien los observa. Gritan ayuda, o indican determinación cuando es necesario. Se imponen si es necesario, y demuestran también que como la noche, su brillo es capaz de arroparnos y velar si lo desean. Te engullen, como la oscuridad más profunda.

Al demonio con todos los colores. A mí me gustan tus ojos marrones. El color del chocolate, de la rama seca y del antiguo pergamino. Ojalá puediera verlos, y verte a ti también. A mí me gustan tus ojos marrones, porque son libres. Porque lloran, y porque puedo mirarlos de cerca para secar tus lágrimas. A mí me gustan tus ojos marrones, porque tuyos son.